Laura Ríos

Directora artística del Curso de Pintores 2019.

Profesora de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid

Presentación

Lo primero que quiero es dar las gracias:

 

A todos los que han asistido a los actos organizados en torno al curso de pintores pensionados del paisaje, y a la inauguración de la exposición que aquí presentamos.

A las instituciones y patrocinadores, por apoyar y creer en esta beca, centenaria ya.

A la Real Academia de San Quirce, a sus académicos, por hacerla posible, defenderla y conformarla cada año.

A Carlos Muñoz de Pablos, por su entrega a este proyecto y por guiarnos cada año.

A Juan Vielva, por acercar El Paular y la Sierra de Guadarrama de Madrid a Segovia, hacia un lazo histórico necesario.

A Juancho del Barrio y Fernando Herranz, por encargarse con tanto cariño y dedicación a la cristalización anual del curso.

A todos los que hacen posible que cada año vengan –vengamos–, desde las distintas universidades del país a pintar, a compartir, a aprender tantas cosas.

Por este acto de generosidad hacia los becados y el director artístico de cada año.

 

A Irene Anguita, Naia Aristondo, Teresa Camacho, Fran Carmona, Irene Carmona, Elia Estévez, Irene García, María Garres, Fátima Gómez, Petra Pericàs, Alejandra Pardo, Celia Rancelot, Lucía Tello y Luis Utrillas; un grupo maravilloso de doce pintoras y dos pintores que han venido con ilusión y entrega, a mirar, a experienciar este paisaje y a enseñarnos lo que riega sus entrañas a través de su pintura.

 

Y gracias a mi facultad, la Facultad de Bellas Artes de Madrid (Universidad Complutense); gracias a mi decana, Elena Blanch, por creer en mí para desempeñar esta labor en un año tan especial.

 

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Me preguntaban sobre el sentido de una beca así: de pintura, de paisaje, en pleno siglo XXI.

Para el caso, me preguntan también demasiado a menudo sobre el sentido de la pintura en nuestros días; al parecer todos fueron invitados, menos yo, a su funeral en 1921, y de las paredes colgaron tres lienzos de Rodchenko1.

Si la pintura ha muerto y no podemos ni invocar su espíritu: porque lo asesinaron también en 19352...

Si la contemplación del paisaje ya no es posible porque vivimos en la hiperactividad y nos falta «vida contemplativa», como bien percibe el filósofo Byung-Chul Han3... ¿Qué contemplación sensitiva que conduzca al conocimiento del mundo, a la verdad, qué contemplación sensitiva –decía– es posible, si miramos el mundo a través de pantallas al ritmo de 30 fotogramas por segundo?

Dice Félix Duque que […] «el arte» (sensu lato: todavía no separado para uso de los elegantes como Beaux Arts, ni degradado como ornamento de la casa burguesa) es previo a religión y ciencia. Previo ontológicamente […] incluso cronológicamente» […]4

Yo creo profundamente en la pintura, porque es lo que nos define como hombres, desde las cuevas: mancharse los dedos con un pigmento y hacer algunas marcas sobre otra superficie es una necesidad antropológica universal que nos conforma.

Decía Malevich que oscurecer su cuadrado negro con un lápiz era «el acto más humilde que puede realizar la sensibilidad humana»5.

Si una persona se para a mirar el mundo, la realidad, e intenta alcanzar a vislumbrar algo de la verdad, mediante la pintura, y entonces mira, y pinta, y se equivoca, y busca un color que está ahí, o que está quizá más allá, una verdad, y vuelve a buscar, y se vuelve a equivocar: en ese acto no hace falta la justificación; la búsqueda sincera desde la pintura, humilde, descubriendo nuestra incapacidad constante, en contacto físico, directo, tangible con el mundo, es una acto que trasciende. Y mientras existamos, habrá pintura; y las vacas seguirán contemplando el horizonte a nuestro a lado, enseñándonos a mirar, enseñándonos también la abnegación que hay en el no comprender.

Muchas gracias a todos los que hacéis posible que vengamos aquí hoy, este mes de agosto, cada año, y nos regaláis tiempo de contemplación del mundo, ¡vaya regalo!, para que busquemos, en silencio, y con sinceridad.

 

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Celebremos ahora con esta exposición un centenario muy especial: 101 años se cumplen, el destino ha querido que las particularidades del mundo de la pintura, que siempre tiene enterrados sus pies en la tierra, y tiembla con cada movimiento tectónico, se reflejen en esta curiosa celebración. La pintura es silencio, es búsqueda en medio de la confusión; tanto tiempo ilusionados por celebrar el centenario en 2019, y este mismo año descubrieron que el centenario se cumplió en 2018. Porque la pintura no obedece a las leyes humanas, ni políticas, ni a currículos predefinidos. ¡Felices 101 años!

 

 

Laura Ríos Villar

Directora artística del Curso de Pintores 2019

 

 

 

1. La última pintura, tres lienzos monocromos: rojo, azul y amarillo, que desde la lógica racional suponían para Rodchenko la muerte de la pintura.

2. 1935 es el año en el que muere Malevich de cáncer, después de que el gobierno de Stalin le prohibiera hacer arte primero, lo encarcelasen, le confiscaran sus trabajos y manuscritos, le quitaran su trabajo como docente de arte, le prohibieran después pintar cuadros abstractos, y lo marginasen. Siempre he pensado que murió de pena y de asfixia por el terror que vivió.

3.  Byung-Chul Han: La sociedad del cansancio. Ed. Herder. 2017

4.  Félix Duque: «La fresca ruina de la tierra (del arte y sus deshechos)». Ed. Calima territorios. 2002

5.  Extraído de Conceptos de arte moderno. Compilación de Nikos Stangos:  Capítulo 9: «Suprematismo», Aaron Scharf. Alianza Editorial. 2004