{"id":894,"date":"2025-08-25T12:29:01","date_gmt":"2025-08-25T11:29:01","guid":{"rendered":"https:\/\/cursodepintoresdesegovia.es\/?page_id=894"},"modified":"2025-08-25T12:44:48","modified_gmt":"2025-08-25T11:44:48","slug":"veladuras-3-2-2","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/cursodepintoresdesegovia.es\/?page_id=894","title":{"rendered":"Puntos cardinales"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-primary-color has-text-color wp-block-paragraph\">Albino Monterrubio<br>Segundo premio del <a href=\"https:\/\/cursodepintoresdesegovia.es\/?page_id=887\" data-type=\"page\" data-id=\"887\">X Premio literario \u00abEscribir sobre el Paisaje<\/a>\u00ab<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-coblocks-dynamic-separator has-background has-primary-color is-style-fullwidth\" style=\"height:50px\"\/>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Milenta<\/em>&nbsp;veces se lo tengo dicho a las cig\u00fce\u00f1as: vistas como las que disfruto cada d\u00eda est\u00e1n al alcance de pocos. Ellas asienten, distra\u00eddas, y luego se afanan en adecentar el nido o en dar de comer a los cigo\u00f1inos, y no me prestan atenci\u00f3n. Hace tiempo asum\u00ed que me consideran un mero elemento decorativo. Sin embargo, cierta vez, una de ellas se acomod\u00f3 a mi costado y, tras acicalarse las plumas con el largo pico, me habl\u00f3 del mar. Pese a reconocer que el entorno era bello \u2014c\u00f3mo no iba a serlo si ella misma lo hab\u00eda elegido para criar a sus hijos\u2014, me confes\u00f3 que a veces echaba de menos la inmensidad azul de las llanuras del oc\u00e9ano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Anclada como estoy a esta torre, he asumido que nunca ver\u00e9 el mar. No dudo que sea un espect\u00e1culo impresionante, pero tampoco me quita el sue\u00f1o. Es de sabios contentarse con lo que una tiene, y no resulta sensato anhelar lo imposible. Sobre todo si no hay motivo para la queja.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mi cuerpo de cruz latina lo forj\u00f3 un herrero llegado del norte en la primera oleada de la repoblaci\u00f3n. As\u00ed lo orden\u00f3, altivo, el entonces se\u00f1or de estas tierras. D\u00edas despu\u00e9s de que el acero se enfriara, el alarife me encaram\u00f3 a la techumbre de la primitiva iglesia. A pesar de que han transcurrido mil a\u00f1os desde aquel d\u00eda, nunca me he aburrido. Los actores y el escenario cambian cada atardecer, cada estaci\u00f3n, cada \u00e9poca. Su esencia es la misma, pero, si una se fija bien, cada instante es sutilmente distinto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al este, los perfiles redondeados de la Sierra de Guadarrama recortan el horizonte, como las monta\u00f1as dibujadas por la mano de un ni\u00f1o. Al amanecer, el sol remonta sereno las cumbres e ilumina el imperturbable rostro de La Mujer Muerta. En invierno, sus t\u00edmidos rayos arrancan destellos a la nieve que, acumulada en las laderas, envuelve en un blanco sudario su cuerpo de doncella. En verano, el verde oscuro de los pinares que se levantan en su falda solo es alterado por las casas de los pueblos serranos \u2014diminutas en la lontananza\u2014 que se agrupan en busca de compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El terreno de las estribaciones de la sierra, desle\u00eddo entre la bruma, desciende en suaves ondas hacia la campi\u00f1a segoviana. Aunque hace siglos la zona estuvo cubierta de bosques, ahora la vegetaci\u00f3n ralea progresivamente, dando paso a las tierras de cereal que, salpicadas de encinas, se precipitan hasta llegar a mi vera, ilumin\u00e1ndose en oleadas sucesivas para darme los buenos d\u00edas. Con el transcurso de las estaciones, su color muta del ocre al verde, y del verde al dorado amarillo de los trigales maduros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A tiro de piedra discurre el valle por el que, desde que me colocaron aqu\u00ed, he visto correr el r\u00edo. Eterno, pero nunca el mismo. Bordea el pueblo de sur a norte, escoltado por una ringlera de chopos y fresnos, cuyo zigzag esmeralda rompe la monoton\u00eda de la Meseta. Su humilde corriente fluye en silencio, transform\u00e1ndose a cada momento. Unas veces se desboca llena de animosidad, engordada por las nieves de la sierra, y desborda los ojos del puente, inundando la ribera. Otras mengua, y su hilillo tembloroso repta con dificultad entre los juncos que, \u00e1vidos de vida, brotan en las orillas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cerca de m\u00ed, en direcci\u00f3n oeste, el terreno se empina de nuevo y los cerros encajonan el valle. Siempre de guardia, cuando el resto del escenario cambia, Las Cabezas permanecen inmutables. A pesar de que mi altura no me permite atisbar tras ellas, gracias a conversar con los p\u00e1jaros s\u00e9 que esas colinas milenarias preceden una peque\u00f1a meseta cuyo agreste terreno desemboca en un mar de pinos. Me lo cont\u00f3 una pareja de jilgueros que se pos\u00f3 en uno de mis brazos para tomar un respiro en su larga emigraci\u00f3n hacia el sur.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A mis pies, rindi\u00e9ndome pleites\u00eda, las casas del pueblo se desparraman sobre la ladera. Desde las chozas de la primera repoblaci\u00f3n, he visto a sus moradores levantar los muros bajos de tapial, fabricar con barro y paja los adobes con los que dar vuelo a las paredes y colocar con esfuerzo las vigas del tejado. Tambi\u00e9n, c\u00f3mo se deterioraban por el paso del tiempo, tras soportar desafiantes la lluvia y el hielo que quebraba sus tejas. Incluso he visto a alguna derrumbarse con un quejido de sus muros agrietados, para volver a renacer de los escombros gracias a los brazos de nuevas generaciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Recuerdo \u00e9pocas mejores, cuando todas las casas estaban habitadas y llegaban desde los campos, arrastrados por el viento, los sones alegres de los cantos de labor. Cuando los carros cargados de mies transitaban las calles, y los bueyes, tras ser herrados en el potro, introduc\u00edan sus belfos h\u00famedos en el agua fr\u00eda de La Fuentona.&nbsp;&nbsp;Ahora, sin embargo, reina el silencio en las callejas, y pasan semanas sin que se escuche la risa de alg\u00fan ni\u00f1o jugando en la plaza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Apostada en mi atalaya, he sido testigo del tr\u00e1nsito de la vida y la muerte. Desde el alborozo de bautizos y bodas hasta los llantos de los entierros. He o\u00eddo a las campanas, mis compa\u00f1eras, repicar desaforadas el d\u00eda de la fiesta del patr\u00f3n, y tambi\u00e9n ta\u00f1er con solemnes quejidos para acompa\u00f1ar a los parroquianos al cementerio. El paisaje humano, al igual que la corriente del r\u00edo o el curso del sol, se repite en un ciclo interminable que siempre recorre las mismas estaciones de paso, si bien de una manera distinta cada vez.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aunque me siento vieja, espero que me respeten y pueda quedarme para siempre en este lugar. Que mi metal siga contray\u00e9ndose por las heladas, arrostrando vientos y tormentas, y recordando el calor de la fragua en los mediod\u00edas de julio. Contemplar c\u00f3mo un milano recorta el cielo a trasquilones y so\u00f1ar mientras veo a las estrellas y la luna jugar al escondite con las nubes. Que la flecha que cruza mi pie siga indicando el norte al caminante. Quiero fundirme con este paisaje del que, al fin y al cabo, hace tiempo que soy parte indisoluble.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque vistas como las que disfruto cada d\u00eda est\u00e1n al alcance de pocos.&nbsp;<em>Milenta<\/em>&nbsp;veces se lo tengo dicho a las cig\u00fce\u00f1as.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Albino MonterrubioSegundo premio del X Premio literario \u00abEscribir sobre el Paisaje\u00ab Milenta&nbsp;veces se lo tengo dicho a las cig\u00fce\u00f1as: vistas como las que disfruto cada [&#8230;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"parent":887,"menu_order":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"_coblocks_attr":"","_coblocks_dimensions":"","_coblocks_responsive_height":"","_coblocks_accordion_ie_support":"","footnotes":""},"class_list":["post-894","page","type-page","status-publish","hentry"],"jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/cursodepintoresdesegovia.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/894","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/cursodepintoresdesegovia.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/cursodepintoresdesegovia.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cursodepintoresdesegovia.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cursodepintoresdesegovia.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=894"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/cursodepintoresdesegovia.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/894\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":902,"href":"https:\/\/cursodepintoresdesegovia.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/894\/revisions\/902"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cursodepintoresdesegovia.es\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/pages\/887"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/cursodepintoresdesegovia.es\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=894"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}