Victoria Chezner

Directora artística del Curso de Pintores 2018.

Profesora de Pintura y Paisaje de la Universidad de Murcia

La mirada del artista que transita construye el paisaje

El paisaje, ese concepto en constante evolución que en la actualidad es abordado por distintas disciplinas artísticas y científicas, es complejo y a la vez -por qué no- integrador. La acotación de la mirada sobre el territorio construye un paisaje, delimita y fija de forma consciente el área de estudio, sea desde el Arte o desde otras áreas de conocimiento. Todas ellas comparten la mirada y la percepción, inseparables del ser humano que construye socialmente el paisaje.

Los fenómenos naturales y sociales son la base de algunas ciencias; su observación, estudio e investigación en campo, se asemeja al modo en el que los pintores abordan el paisaje. La inmersión en la naturaleza, en el medio circundante, facilita el análisis de cada elemento y posteriormente, a través del filtro interior de cada disciplina, se procede a una síntesis. El resultado puede ser una descripción geográfica, la descripción de un proceso ecológico, geológico o la producción de una obra artística.

La intelectualización que se está desarrollando en la actualidad contribuye a una mejor comprensión, valoración, creación y disfrute del paisaje. Este estilo de cultura, que la sociedad contemporánea propicia, comienza a apreciar, disfrutar y defender la riqueza de los lugares en los que se vive, teniendo en cuenta no solamente los rasgos naturales, sino también los valores históricos y culturales del lugar que se habita. Los artistas, como humanistas, debemos comprometernos e implicarnos en este reto de redefinir al paisaje, de compartir con la sociedad conocimiento y emoción, hacia lugares y paisajes cargados de una gran relevancia natural y cultural.

Segovia propicia una reunión anual de humanistas, en el sentido más amplio del término como lugar de encuentro, de intercambio, de espacios recorridos, de reflexión, y -cómo no- de Pintura, de Pintura de Paisaje. Segovia es un gran paisaje histórico en sus múltiples vertientes, y un paisaje en constante evolución.

En ocasiones ocurre que los elementos constitutivos de un paisaje son intangibles, no son visibles, se evocan a partir de textos de autores que describen sus vivencias y sensaciones. Nos trasladan a un momento y un contexto determinado. En dicha intangibilidad actual podemos incluir a los lugares vividos y transitados por los artistas o por personas de relevancia histórica en momentos concretos, que ya forman parte de nuestra identidad. Así viajar, estudiar, transitar, pintar paisajes vividos por otros artistas en Segovia añade una carga emocional sublime. Resulta además motivador que en esta edición nos desplazáramos unas jornadas a El Paular, como ya hicieran casi cien años atrás, un grupo de pintores, con el fin de vivir y pintar directamente el paisaje de la Sierra de Guadarrama, que entraña valores culturales y medioambientales. Sin duda una gran experiencia.

En esa línea hemos trabajado a lo largo del Curso de Pintores Pensionados del Palacio de Quintanar. Saliendo al exterior, estudiando, reflexionando y sobre todo con la mente abierta a nuevas posibilidades del Paisaje. El Paisaje como centro vertebrador de los creadores visuales, que se preocupan y trabajan por avanzar hacia un discurso coherente y comprometido en el siglo XXI.

Resulta revelador e imprescindible en el presente Curso, que desde la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce, se propicien encuentros con distintos intelectuales que abordan el paisaje de una forma integradora y con gran pasión. Así Antonio Ruiz Hernando trasmite a través de la arquitectura el valor histórico de la evolución del paisaje urbano de la ciudad de Segovia; Andrés Díez Herrero en un amplio recorrido por la provincia de Segovia, desde la Geología, nos muestra las distintas unidades del paisaje y sus implicaciones en los elemento bióticos y abióticos y la influencia que tienen sobre la sociedad a través de una gran escala de tiempo; Carlos Muñoz de Pablos es un gran defensor de la esencia del arte, de la huella que sobre el artista tiene la observación desde dentro del paisaje, con el concepto más actual y revisado de einfühlung; Carlos de Hita, a través del paisaje sonoro, inundó el Palacio de Quintanar y provocó la recreación mental; nos abrió un mundo de observación sensible y detenida a través de los sonidos; Juancho del Barrio nos mostró el paisaje manifestado en la expresión literaria; Juan Manuel Santamaría nos relató la historia del Curso y su influencia en la pintura española.

Nos aproximamos a El Paular desde fuera, pero su comunidad benedictina nos mostró, a través de sus gestos y su voz, la esencia del lugar.

Todas estas miradas integradoras fueron necesarias e imprescindibles para este Curso de Pintura y Paisaje. A todos ellos y a las instituciones, les mostramos nuestra sincera gratitud.

El equipo humano de esta edición formamos un grupo creativo que va más allá de una coincidencia temporal y local. Hemos conformado lazos de amistad y compromiso hacia el paisaje. Con la presencia de todos ellos aquí, representando a sus respectivas Universidades, conforman el humanismo más sincero de nuestro futuro, desde una visión sensible, certera, definida o abierta sobre los aspectos naturales y culturales del Paisaje segoviano. Estamos seguros de que Segovia supondrá un punto de inflexión en sus trayectorias porque pertenecen ya a la historia del Palacio de Quintanar, a la prestigiosa Beca de Pintores de Paisaje.

 

Cada becario se ha aproximado al paisaje de distinta forma:

Miranda Pastor se acerca al paisaje desde los detalles de una naturaleza sencilla, sin artificios, encontrada. Así, a través de sus fragmentos, logra poner en valor el paisaje real con el que convivimos y que en ocasiones no vemos. Alba de Lucas establece su mirada sobre los elementos culturales del paisaje; la huella del ser humano se percibe como elemento necesario para entender el paisaje segoviano presente y pasado. María Ferrer, con sus múltiples paisajes en movimiento, nos muestra los lugares por los que ha transitado; ese tránsito se ve reflejado en las obras que elabora en sus amplias panorámicas o sus lugares recogidos de un interés revelador. Marcos Barrientos analiza y superpone escenas, atrayendo así la mirada sobre lo cotidiano de un paisaje sobrexpuesto, como la sociedad actual propicia; pero siempre con la mirada detenida sobre aquellos elementos más cercanos, como un guiño hacia el recuerdo personal escondido. Alfonso Fernández trabaja escenas de un paisaje sin figura; selecciona aquellas unidades que mejor definen el paisaje observado y las trasmite con intensa carga emocional, invitándonos a entrar en su punto de vista. Laura Lorente extrae escenas del paisaje de forma sensible, desatura los tonos con el fin de evocar el recuerdo de paisajes vividos tiempo atrás, donde los matices no tienen importancia, pero sí su huella indeleble en nosotros. Víctor Formariz construye el paisaje llevando grandes planos a la esencia de lo relevante, analiza de forma consciente los elementos fundamentales, sin dejarse llevar por los detalles innecesarios, con sobriedad y conocimiento de la pintura. David Hernández, desde la experimentación, realiza una búsqueda de su propio lenguaje; el factor procesual de su obra, a través de las texturas, facilita un paisaje en constante movimiento. El paisaje crece en la obra de Andreas Gangoso: así su cuaderno de viaje nos ofrece la visión interiorizada de formas y sensaciones de aquello que registra detenidamente. Alfonso Escorial construye paisajes cotidianos desde otros puntos de vista; se posiciona frente al paisaje donde otros nunca lo harían, revisa las vistas y conforma a través del empaste su particular visión del paso del tiempo. Enrique Fernández Prada nos descubre el color en la vegetación y en las estructuras intensas de elementos cotidianos, dentro de una intensa línea de trabajo: manchas que nos llevan a reflexionar sobre el movimiento que existe en la sociedad contemporánea. Rosa Aguilar, desde una re-visión del realismo mágico, nos ofrece la mirada hacia un tiempo detenido a través de elementos vegetales; superpone innumerables capas de pintura casi imperceptibles, que interaccionan en nuestra retina, se funden y profundizan en la esencia de lo observado. Federica Furbelli, en la búsqueda de un lenguaje personal, nos muestra a través de líneas y estructuras orgánicas, una vivencia absoluta del paisaje desde dentro, sintiendo con intensidad todos los matices. Isabel Felipe, con el diario visual de lo vivido, nos muestra cómo evolucionan los campos visuales del gran paisaje fragmentado de la provincia de Segovia: unidades de paisajes que enlazan perfectamente con la naturaleza y la cultura, de forma concisa y sin artefactos que nos desvíen del interés unitario del mismo. Maider Santos, desde la síntesis reflexiva de su pintura, nos ofrece un paisaje detenido y a la vez en movimiento, donde la presencia del ser humano es necesaria e imprescindible, cuya huella es visible a través de una sutil transparencia de tonos. David do Nascimento, con múltiples intentos de aprendizaje en el paisaje real, busca los planos que delimitan sus elementos constitutivos; la superposición de estructuras de color nos muestra el oficio de la pintura, su comprensión y su lucha por llegar a la esencia de aquello que observa e interioriza.

Como podrán observar, el paisaje ha formado parte de nuestras vidas intensamente estos días, ha sido motivo de aprendizaje e investigación artística. Define nuestra forma de sentir y de contemplar e interpretar la Naturaleza, no solo prístina, también modificada y mantenida por el ser humano.

 

Compartir la experiencia estética con todos ellos ha sido enriquecedor. Espero haber podido trasmitir este entusiasmo e implicación personal con el paisaje, tal como yo comenzara a apreciarlo tras mi paso por esta beca hace ya veintiséis años. Sin vuestra presencia, sin vuestra forma de sentir, sin vuestras acciones, sin vuestra pintura, no existiría el paisaje, ya que el paisaje, como sabéis, es ante todo una construcción cultural.